Idoia Telleria Maritxalar

Cuando era pequeña, solía ir al estudio de mi padre, coger el álbum rojo y dorado de mis padres, sentarme en la butaca granate y pasar horas viendo las fotos de la familia. Fotos de mis abuelos, su familia, mis padres cuando eran pequeños, sus hermanos, primos… El olor de las fotografías antiguas me embriagaba e intentaba vivir y pensar en las vidas que habían tenido. Me inventaba historias e intentaba revivir a través de ellas su vida, las bodas, las vacaciones… Me encantaba hacerlo una y otra vez.

Es una obsesión que me ha llevado hasta hacer la foto de familia de estudio con mis padres, hermana, sobrina e hijos. De ahí es donde me viene la pasión y las ganas de contar las historias de las personas que retrato. Quiero que mis fotografías cuenten historias, hablen por sí solas para que el que las vea vuelva a vivir esa sensación y esa vivencia.

El momento revelador fue cuando dejé de hacer simples fotos para crear recuerdos, buenos momentos, saber esperar a captar el momento, la mejor sonrisa. Porque me di cuenta que los míos también empezaron a ser, el mejor momento, la mejor sonrisa, la lágrima inesperada… que desprendía detrás de la cámara.